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lunes, 23 de febrero de 2015

 La crisis nos acobarda porque nos atenaza la dureza del presente y el miedo al futuro. Las buenas noticias no nos vienen ni de la oficina del paro, ni de la empresa, ni del Rajoy, ni del Mas, ni siquiera de nuestro ayuntamiento. Las buenas noticias nos las da la gente que nos rodea, los pequeños detalles, los gestos de solidaridad que iluminan nuestra vida como no lo hacen mil telediarios.

Encara que la història mai no es repeteix de la mateixa manera, caldria mirar el nostre passat, el de la gent que ha ajudat a fer Catalunya, a fer Viladecans, des del no res, des d’alguna de les crisis que ens han colpejat al llarg dels últims cent anys. Un dia van agafar carretera i manta i van emigrar. Tenir una vida millor no era una frase, era una lluita en les pitjors circumstàncies per sortir-se’n del guió al que estaven condemnats des de        que van néixer.  Als anys cinquanta van protagonitzar una vaga de tramvies per la pujada del bitllet, quan vaga era una paraula prohibida i fer vaga portava a la presó.
La generación que hoy puebla las residencias de ancianos y las concurridas urgencias de los hospitales llegaron con su hatillo a cuestas, pero también con su valentía y su optimismo a prueba de despidos y salarios bajos. No tenían estudios ni derechos laborales, pero arrimaron el hombro para cambiar su vida y la de los suyos. No tenían crédito, como ahora, pero compraban a plazos y pagaban a cuenta desde un hornillo a una docena de platos.


Ningú no els va regalar mai res. Però el crèdit que van aconseguir amb jornades de deu hores de treball, amb reivindicacions, acomiadaments, mobilitzacions i presons s’ha acabat. Ara toca reconquerir el que ens hem deixat prendre. Començar des de zero. És complicat, però no ens podem queixar. Ellos lo tenían peor.

lunes, 16 de febrero de 2015

La casa de Pilar Moragues, Ca la Pilar, que va ser construïda el 1917 en la nostra Pineda del Remolar i projectada per un dels arquitectes més importants del modernisme Català, Josep Puig i Cadafalch, ha estat  escollida, amb d’altres  cinc importants edificis que formen part del patrimoni arquitectònic i històric català, per  un grup d’estudiosos de la Comissió de Patrimoni del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya per realitzar un estudi singular sobre eficiència energètica en edificis històrics.

Per conèixer amb precisió el comportament d’aquests edificis d’interès històric de diverses èpoques, davant les oscil·lacions de la temperatura exterior, han col·locat sensors als murs, fluxòmetres, per comprovar el nivell d’aïllament mitjançant un sistema informàtic.

De moment les dades diuen que “encara que la temperatura ambient exterior pugi molt, la del mur es manté constant i la temperatura interior també”. Està resultant, doncs, que l’arquitectura modernista, a més de ser preciosa, té molt de sostenible.

lunes, 9 de febrero de 2015

Me gustaría ser independentista. Muchos amigos míos lo son y me ponen cara rara cuando digo que yo no lo soy. Soy charnego porque el mundo me ha hecho así, aclaro. Ellos se ríen y me dejan por imposible, y hablamos de otras cosas del país en las que casi siempre nos ponemos de acuerdo. Para ellos España es Intereconomía, la Cospedal, la Aguirre, Aznar, el expolio fiscal, la manía al catalán, la Cope, el Bono, Rodríguez Ibarra. Para mí España es todo eso, pero también es mis cuatro abuelos, mis tíos, mis primos, mi lengua materna, Antonio Machado, Juan José Millás, Gaspar Llamazares, El Intermedio, una aldea de dos docenas de habitantes en Asturias y un pueblecito de dos mil almas en Albacete.

Mis primos de Almansa me dicen que en Catalunya no se puede hablar en castellano, y mi padre les dice que no es así, con la tozudez de sus noventa y dos años. Y mis primos ponen cara rara, parecida a la de mis amigos independentistas. Nos  dejan por imposibles y hablamos de otras cosas que nos acercan,  que la Cospedal no les abre el hospital y  quiere  privatizarlo, que tienen  el 35% de paro. Si hablamos por nuestra boca sin teles, sin diarios, sin arengas, los de a pie nos entendemos.


Me gustaría no tener el corazón dividido. Intento adaptarme, pero no me ponen las banderas ni las madre patrias. Más bien son madrastras que a algunos nos hacen sentir hijastros. Aquí y allá.