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viernes, 31 de octubre de 2014

Estaba admirando durante las Fiesta Mayor a nuestros castellers de Viladecans levantando torres humanas en una plaza abarrotada y pensé que los políticos tenemos mucho que aprender de estos jóvenes que suben y bajan, apoyándose los unos en los otros. No importa el sexo, chico o chica. Quiens son más fuertes, abajo, haciendo piña, formando un muro de brazos y hombros para que suban hacia el cielo quienes son más débiles, pero más ligeros y ágiles. Así debería ser en la vida y en la política, pero no. Los fuertes suben montados a caballo de las espaldas de los débiles.

"Més juntos, més amunt", es pot llegir encara en una pancarta castellera que penja d'una balconada a la plaça. Hauria de ser més que un lema, una realitat, ja sigui per una colla castellera, una ciutat, un equip de futbol o un país. De vegades caiem en la temptació de dividir-nos per anar més ràpid o arribar més lluny i aquí els castellers ens donen una nova lliçó. Per arribar més amunt, perquè guanyi alçada el nostre castell i perquè no caigui sobre les espatlles dels qui ho estan suportant, cal estar més junts.

Los castells no se construyen a la primera. Antes de que una colla consiga levantar una torre de siete pisos ha habido fracasos, ca´dais, pero no abandonan. Se duelen de los golpes pero insisten en ello, forman piña de nuevo y juntan brazos y hombros y prueban una y otra vez has que el enxeneta, niño o niña, corana la cima y levanta brazo y mano hacia el cielo.

Sembla que som diferents però no és així. Sagnem quan ens punxen, riem quan estem alegres, plorem quan estem tristos i fem la mateixa cua a les llistes d'espera de l'hospital quan estem malalts. M'agradaria que anéssim per la vida de castellers.

Para hacer piña por el pan de cada día.

José Luis Atienza

viernes, 17 de octubre de 2014

Queremos votar, pero con las garantías de información y de libertad de expresión que en estos momentos no se dan


Por fin Artur Mas ha dicho en voz alta aquello que la retórica no podía ya esconder: no habrá consulta el 9-N y nunca ha existido un plan b con credibilidad democrática para sustituirlo. Para quienes desde los ayuntamientos hemos defendido el derecho a decidir desde una sensibilidad federal nos parece lamentable que la pluralidad del mundo local, tranquilo reflejo de la pluralidad de la sociedad catalana, sea, una y otra vez, la víctima propiciatoria del laberinto jurídico político de la no consulta del 9-N.
La práctica unanimidad a favor de una consulta no debería haber ocultado la diversidad de matices de las diferentes mociones aprobadas en los ayuntamientos. Una diversidad a favor del derecho a decidir que fue ahogada en el acto institucional de los alcaldes en el Palau de la Generalitat por los gritos a favor de la independencia. Una vez más se nos convocó a defender la consulta, no para resaltar la pluralidad sino para sumarnos como figurantes silenciosos a la aclamación entusiasta de la independencia.
El anuncio del president Mas y su pretensión de sumar complicidades de ayuntamientos y gente voluntaria para un sucedáneo de consulta supone una interesada perversión del derecho a decidir y un triste y chapucero epílogo a un proceso que se pretendía internacionalmente ejemplar. Unos y otros sabemos que ya es totalmente imposible que se cumplan las mínimas garantías democráticas para una consulta homologable en el fondo y en la forma, una consulta donde toda la ciudadanía se sienta llamada a votar. La suspensión certifica que el Gobierno catalán nunca ha tomado la consulta en serio porque nunca se ha sabido ni cómo ni dónde se votaría, ni la imparcialidad del control de datos y resultados, por no hablar de la imposibilidad del debate plural de opciones ni de la clamorosa parcialidad de los medios de comunicación públicos.
La dificultad del itinerario del derecho a decidir, que siempre ha sido evidente, no puede ser ahora pretexto para buscar atajos que prescindan de la voluntad mayoritaria y democrática de los hombres y mujeres de Cataluña. Queremos votar, pero con las garantías de información y de libertad de expresión que no se dan, como ha evidenciado el vendaval de intolerancia que desencadenó la coherente dimisión de un miembro de la Comisión de Control, por limitarse a decir en público lo que se comenta en privado. Dijo en voz alta una verdad incómoda para el secretismo de los supuestos rumores, las supuestas astucias y las supuestas cartas bajo la manga, pero sin luz ni taquígrafos. Los hechos le han dado la razón.
Lo dramático es que tras la surrealista propuesta de votar sin censos, sin interventores, sin control, el derecho a decidir, en palabras de nuestro President, deja de ser un noble y democrático objetivo para devaluarse en un referéndum en broma con un nada unitario objetivo: abrir el camino a unas elecciones donde se presenten juntas CiU y ERC. Se descubre así la hoja de ruta secreta de Artur Mas: transformar la Via Catalana y la gran V en la mayor y más masiva campaña preelectoral de la historia a favor del president. La consulta definitiva después de tanta épica se disfraza de una nada heroica convocatoria electoral autonómica donde el gran desafío real ya no será un nou país sino un nou govern con mayoría absoluta.
Estamos donde estábamos. En este largo camino que comenzó con la manifestación contra la sentencia del Estatut se ha multiplicado la agitación pero ahora volvemos a la casilla de salida; cargados, eso sí, de experiencias y movilización popular. La agitación política sin movimiento, sin avances palpables, puede durar un año, puede durar tres, pero no puede durar siempre. Necesitamos movernos y avanzar.
Nosotros, concejales de ICV dentro de la coalición ICV-EUiA, seguimos apostando claramente desde nuestros municipios por el derecho a decidir, pero creemos que ha llegado el momento de abandonar definitivamente el escenario de la sorda batalla de CiU y ERC y su concurso de gestos para arrimar el ascua a su sardina electoral. Tenemos la responsabilidad de encarar, junto a otras fuerzas de la izquierda catalana y de la izquierda española, la tarea de aprobar una asignatura pendiente: ser capaces de definir y consensuar un nuevo modelo de Estado que desde el federalismo plurinacional sea capaz de dar una salida creíble al encaje de Cataluña en España.
Esta es, sin duda, una tarea ardua para la que habrá que sumar más complicidades sociales y políticas. ICV puede aportar sus valores, su presente y la tradición unitaria que la acompaña desde la fundación del PSUC para ensanchar el territorio histórico de la izquierda con la confluencia con personas y fuerzas que reclaman también profundas transformaciones políticas y sociales.
José Luis Atienza es concejal de Viladecans. Firman también este artículo los concejales Aureli Calvo, de Sabadell, Gregorio Camacho, de Sant Adriá, Rafael Duarte, de El Prat, Arnau Funes, de Cornellà, Joaquim Mestre, de Barcelona y Olimpia Sánchez, de Esparreguera, todos de ICV-EUiA


viernes, 29 de agosto de 2014

La confesión de Jordi Pujol marca un final patético para un gobernante que supo apropiarse de la marca Catalunya y hacerla suya electoral y políticamente. Cuando hablaba por Catalunya, Jordi Pujol hablaba por su Catalunya, que nunca acabó de ser la nuestra. La Catalunya de Jordi Pujol, a la que nuestro president ha dado un corte de mangas, es una Catalunya de amigos y conocidos, con sus negocios, sus divorcios y sus cosas. Ellos coinciden en los restaurantes, en las fiestas, en las onomásticas, en las que beben cava, soplan velas y se reparten el pastel. No es la Catalunya de la familia Ulises. No és la del botiguer, ni la del autónomo, ni la del pequeño empresario que hipoteca la casa para no tener que cerrar la empresa, y mucho menos la de quien vive de su nómina, o de quien tiene la desgracia de estar en el paro. Es la Catalunya que cabe en un autobús que lleva sus dinerillos a la Banca privada de Andorra para tener un rinconcillo de euros limpios de polvo y paja. Estoy indignado, porque aunque ni lo he votado ni lo votaría nunca, cada vez que hablé con él, tres veces, me pareció una persona culta, inteligente y astuta. Era un placer oirlo hablar aunque todo era en parte mentira. Parecía un viejo zorro, defensor sobretodo de la cultura del esfuerzo. No he visto yo esfuerzo en los trapicheos multimillonarios de sus hijos, en las extrañas empresas de la mujer, que empieza con una floristería y acaba plantando el césped en Can Barça. Lo importante en este pequeño país que explicaba Guardiola en las ruedas de prensa de Mourinho con palabras de Lluis Llach, no es levantarse ben d'hora, ben d'hora, ni trabajar de sol a sol, ni los estudios, ni la cultura del esfuerzo, lo importante es conocer gente. La familia Pujol hacen de las piedras panes. Tú preséntales a quien tenga dinero y una comisión aquí, una gestión allá, y ya se buscarán la vida, que aquí, en aquest país petit, a partir de los cuatro millones de euros se conocen todos. No hace falta preguntar aquello de ¿Sabe Vd. con quien está hablando?, porque todos los que interesan ya saben el tú de quien eres. Jordi Pujol, Maciá Alavedra, Felix Millet, la Caballé, nuestro balón de oro y una larga lista de notables y sobresalientes catalanes que siempre han ido de camisa blanca y dinero negro. Nuestro paraíso fiscal de andar por casa habla catalán y está a un tiro de piedra. En el fondo soñamos que algún día Catalunya será como Andorra, el tabaco irá más barato, no pagaremos IVA y no tendremos que hacer la declaración de renta. El Guti, el Antoni Gutiérrez Díaz, adelantándose a su tiempo, planteó en una moción de censura del PSUC de aquellos tiempos de partido con la hoz y el martillo en el escudo en la que le dijo a Jordi Pujol: -Honrable president, usted es un error. Te has pasado, le dijimos al Guti. Nuestro Guti murió y nunca se pudo enterar que aquello que dijo no fue un calentón, fue una premonición. En aquel momento nuestro ya nada honorable president ya debería tener su tesoro a buen recaudo en la tierra que tenía más barata la mantequilla y los quesitos La Vache qui rit. Después pasa lo que pasa, que se recortan presupuestos en los hospitales públicos y se derivan a los hospitales privados a pesar de que paguemos con el dinero público, el suyo y el mío, las intervenciones más caras. Los accionistas de hospitales tienen una suerte que usted y yo probablemente no tenemos, comen en la misma mesa que el poder convergente. El poder político de la derecha nacionalista sabe que quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija. Y no se trata de aquello tan conocido de que todos son iguales, no. Qué más querríamos ustedes y yo de que todos fuésemos iguales. Aquí en Catalunya existe una red de complicidades entre el sector público y privado, de grupos de presión, industriales, bancarios, inmobiliarios, fondos de inversión, grupos mediáticos con línea directa con el teléfono rojo de la plaza Sant Jaume que se pasean por las consellerias como Pedro por su casa. Usted tiene un problema, le dijo Pasqual Maragall a nuestro president evasor de capitales, el tres por ciento. No le agradezco nada la confesión a Jordi Pujol. En primer lugar, porque confiesa cuando ha visto que la Unidad de Delincuencia Fiscal y Económica lo ha cazado con las manos en la masa. Tampoco me anima el que lo haya descubierto antes la inspección fiscal y la prensa madrileña que la prensa catalana. Aquí se ha mirado a otro lado y mucho nos tememos que se seguirá mirando en la misma dirección. Si esto fuese un país normal, con unas empresas periodísticas normales, se podrá haber sabido antes, y si no, es que esto no funciona porque no nos enteramos de nada. Por último, no debemos agradecerle el gesto porque antes de proclamar sus culpas el problema era de Jordi Pujol. Ahora es nuestro. De todos, hayamos lo que hayamos votado en las últimas elecciones. No nos merecemos esto, vivir en un mundo que funciona así, en un país que funciona así.