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lunes, 18 de febrero de 2013

Le da a uno casi vergüenza ser político. Ser político parece rimar con corrupción, dinero negro, sobres o espionaje, y eso desanima. Somos ciudadanos bajo sospecha por culpa de quienes se aprovechan de sus cargos para enriquecerse. Se habla mucho de los corrompidos y poco de los corruptores. Quien paga y sobretodo para qué.

No és un  problema de lleis. Guanyar diners en forma de milionàries propines i de percentatge de les constructores era il·legal ahir i és il·legal avui. Els partits grans han perdut el respecte als seus electors, perquè els electors no s’han fet respectar. Avui, ser subornat, ser jutjat i fins i tot ser condemnat, té pocs efectes penals, gràcies als generosos indults amb els delictes de coll blanc i corbata, però encara menys costos electorals.

De todos modos, los políticos no tenemos derecho a la queja. Los partidos tendrían que ser  los más duros en la defensa de la honradez, los primeros en condenar a quienes traspasen la línea. El capital más querido de la política no es la inteligencia, ni la facilidad de palabra, ni la facilidad de escritura. Es la honradez.

Però a més de ser honrats, tenim l’obligació de ser humils i modests. Estem representant als ciutadans no per ser llestos, llestes, guapos, guapes, sinó perquè la gent ens ha prestat els seus vots. Estem de pas, i hauríem de ser com la gent normal. Abans, durant i després de ser càrrecs públics.


El otro día salió en la prensa que Jordi Miralles, diputado y coordinador de EUiA, ha dejado de ser coordinador y diputado. Ha vuelto a su antiguo trabajo de  cartero en Viladecans. Sin sobresueldos ni sobres, como no sean los que reparte. Todo un ejemplo de lo que debería ser la política. Un servicio y una vocación. Cartero antes, cartero después.

miércoles, 30 de enero de 2013

Al comenzar un nuevo año hay que hacer de tripas corazón y afrontarlo con alegría y con optimismo. De momento sabemos que la falta de dinero, de trabajo, da la infelicidad. Lo que no tenemos tan claro es qué es lo que nos hace ser felices, levantarnos por la mañana y lanzar un suspiro y sentir que estamos bien. Hay quien dice que la felicidad no es tener lo que se quiere sino querer lo que se tiene. El motor de nuestro sistema económico es exactamente el contrario: desear lo que no se tiene y desechar lo que ya se tiene. Es decir, estar instalados en el deseo permanente, en la infelicidad permanente.

Tot aixó ve perquè aquestes festes he tingut instants de felicitat, no em fa vergonya dir-ho,  amb coses senzilles sense necessitat de treure la targeta de crèdit. Un moment de l’exposició de pessebres de la Torre del Baró que em va retrobar amb la infància perduda, i el nostre cant  coral, una nadala de consumisme nostàlgic de nines i torrons, vuelve a casa vuelve, por Navidad, i dues de clàssiques, Santa nit, plàcida nit, ja està tot adormit, i Los campanilleros por la madrugá me despiertan con sus campanillas, que cantàvem a casa amb la simbomba. Només un però. Tot era amb gent diferent. Compartim la ciutat, però som una mica oli i aigua. Vivim junts, però poc barrejats.


Oír cantar “El meu país és tan petit que des de dalt d’un campanar sempre es pot veure el campanar veí” me hizo pensar. Viladecans, nuestra ciudad mediana, también es tan pequeña  que desde nuestro campanario podríamos ver el campanario del barrio vecino, y  disfrutar igual de un  villancico cantado por alguno de nuestros  coros rocieros, que d’una nadala  tradicional catalana cantada per alguna de les nostres quatre corals.   

jueves, 13 de diciembre de 2012

Estas Navidades, ni el gordo de lotería podrá remediarlo, serán las navidades más tristes  y  pobres para millones de personas en nuestro país. Vas por la calle y parece que no pase nada, que todo sea igual que cada año. Tendremos, eso sí, caganers con la estelada, y alguno con la rojigualda,  las calles se llenarán de luces navideñas y comenzarán  a sonar villancicos por las puertas entreabiertas de los comercios. Es el momento de comprar los turrones de oferta en algún hipermercado, de decidir que este año no habrá reyes, que nos hemos vuelto republicanos, no tanto por los camellos como por los  elefantes, de no colgar regalos en el abeto de plástico porque vaya vaya, aquí no hay paga, de no dejar que cague un tíó más estreñido que nunca, de  pensar y hacer balance del año económicamente peor de nuestras vidas, como mínimo hasta el año que viene si Dios quiere. Así, mirado desde Diciembre, no me atrevo desear a nadie, sin mentir, feliz  2013 y próspero año nuevo. Hace tan mala pinta que levantamos la hoja del calendario del mes que viene  y llega para no irse el año próximo con el trece de la mala suerte. ¿Han pensado queridos lectores y lectoras que el año que viene cada martes será martes y trece?   

Messi ha batido todos los récords y los desahucios también. Los diarios deportivos se venden más que los otros, no porque haya crecido la afición, sino porque las malas noticias solo afectan a la clasificación general y no a  la situación personal. Ha cambiado todo, pero todo el mundo sigue votando casi igual. No sabemos cuando será el próximo referéndum ni la edad ni el importe de nuestra jubilación. Recortes que vienen, recortes que van, la vida sigue igual.

En cualquier caso no me hagan caso. Intenten ser todo lo felices que puedan, mientras la autoridad lo permita y el tiempo no lo impida. Yo no pido mucho. Me conformaría con poder escribir el año que viene un artículo que termine con un Felices Fiestas y Próspero año nuevo que me salga de dentro,  no solo por el cariño que les tengo,  sino por la esperanza razonable de que pueda ser medianamente cierto.